Gibara, conocida como la Villa blanca de los cangrejos, al norte del oriente cubano, se convirtió en un enorme set cinematográfico para dar luz, acción y emoción al décimo Festival Internacional del Cine Pobre. Obras de más de 90 países, en los más diferentes estilos y conceptos, conformaron la propuesta cinematográfica de un cine que nace de sacrificios y apuestas muy personales, donde la infancia y adolescencia se dio cita para construir su visión del festival.